“Modelo Pedagógico Centrado en el
Aprendizaje dentro de la educación universitaria en un mundo globalizado”
Por: Rubén Rodríguez Padilla
La
globalización está produciendo un nuevo orden que ha supuesto la ruptura de los viejos
sistemas productivos y escolares, ha
modificado las condiciones de intercambio de bienes y servicios, así como de
capitales y conocimientos. Este cambio no ha afectado exclusivamente al ámbito
de lo económico y a las estructuras productivas, sino que también ha
determinado, o lo está haciendo, un nuevo orden ideológico, político, social y
cultural, la repercusión de estos cambios en la estructura ocupacional se
traduce, en primer lugar, en la búsqueda constante de la especialización,
demandado por las exigencias del sector productivo, que han pasado a
convertirse en el sector dinamizador de la economía; en segundo lugar, en el
aumento del desempleo entre aquellos cuyos conocimientos y habilidades han quedado
desfasados como resultado de los procesos de reconversión y adecuación
tecnológica y que no disponen de una formación continua y especializada, no
actualizan sus conocimientos de forma permanente, y, en tercer lugar, en las
dificultades de consecución de empleo, a corto y medio plazo, generando fenómenos
sociales complejos . El mercado laboral demanda un nuevo perfil de
profesionales y trabajadores: se valoran muy positivamente no solamente sus
conocimientos, sino también sus actitudes, competencias y habilidades, y
aquellas cualidades personales que permiten y facilitan la adaptación a los
cambios que se producen en el contexto económico, social y cultural, y en el
entorno productivo y empresarial. Por ello, los contenidos formativos deben
adecuarse a estos cambios sociales y a las necesidades del sistema económico y
del mercado laboral. Es preciso establecer un modelo educativo y formativo dinámico,
flexible y estable que permita generar una mano de obra cualificada y preparada
para afrontar los nuevos retos de un sistema productivo global. Las empresas
buscan personas competentes, que sean eficaces y eficientes en la resolución de
las tareas y en el tratamiento de conflictos, que sean capaces de tomar
decisiones y estén preparadas para hacer frente a las eventualidades de la
práctica profesional personas con conocimientos, habilidades y destrezas
suficientes para desarrollar con éxito las tareas encomendadas; En segundo lugar,
se exigen competencias y actitudes sociales relacionadas con la resolución de
problemas y la capacidad de trabajo, la ambición profesional, etc. junto con
otras actitudes vinculadas al propio trabajo, como la capacidad de
organización, liderazgo y trabajo en equipo, aspectos que pueden tener tanta
importancia como el conocimiento profesional y técnico (Gómez Bahillo, 2012).
La
principal misión de la universidad es la creación y transmisión de la cultura,
la formación y preparación de los profesionales para la actividad que deberían
desarrollar posteriormente y la contribución al desarrollo de la ciencia
(Ortega y Gasset, 2007). La universidad del siglo xxi debe transformarse y reconvertirse
a la nueva realidad proporcionando saberes contextualizados y aplicados a las
necesidades de la sociedad actual, sin que ello suponga una mercantilización
del conocimiento ni el establecimiento de alianzas condicionantes entre la
universidad y los agentes económicos y empresariales, que le impidan mantener
su espíritu crítico y la libertad de investigación, la universidad debe contribuir
al mantenimiento de un sistema social democrático estable, estableciendo
alianzas con las organizaciones y los agentes sociales, políticos y económicos,
que garanticen los derechos humanos y la consecución de niveles de bienestar y
calidad de vida para todos los ciudadanos, lo que no está reñido con la
productividad, la rentabilidad, la eficacia y la eficiencia.
La
universidad debe ser el motor del cambio social, en consonancia con las innovaciones
que se producen en el contexto mundial y en su entorno más inmediato, y
responder a los grandes desafíos de la globalización. Además, debe asumir su
compromiso social contribuyendo a consolidar la sociedad civil y a fortalecer
sus instituciones, a través de la educación , La universidad no puede ser
generadora de un saber descontextualizado ni, por otra parte, ser promotora de
unos valores propios de la sociedad de mercado: pragmatismo, mercantilización
de sus actividades, intereses y planteamientos. La universidad debe cuestionar
y proponer alternativas a los principios economicistas de las relaciones
productivas e intentar que la lógica del capital no prevalezca sobre los
derechos humanos y el bienestar y la calidad de vida de los ciudadanos.
La
universidad debe responder a una serie de retos, que podemos concretar en:
• Gestionar la diversidad y, para ello,
debe contextualizar el conocimiento y preparar profesionales con capacidad de
adaptación a los cambios del entorno social y profesional.
• Promover
el desarrollo de la capacidad creativa e innovadora de los estudiantes frente
al aprendizaje memorístico y repetitivo.
• Capacitar
profesionalmente a los estudiantes en las demandas ocupacionales que requiere
el desarrollo económico y productivo.
• Promover
una educación integral y emocional de la persona.
• Personalizar
la educación a través de los nuevos recursos didácticos.
• Educar
en valores y actitudes éticas: promover el humanismo frente a la lógica del
capital.
• Dar una nueva dimensión a la
investigación, orientándola a contribuir a la solución de problemas
conceptuales, responder a las necesidades de la sociedad y transformar y
adecuar la estructura productiva.
Los cambios universitarios deben afectar, por
tanto, al currículo, las infraestructuras, la gestión administrativa, los
recursos y las metodologías didácticas (utilización de las TIC) y al desarrollo
competencial de profesores y alumnos. Sin embargo, principalmente, la
universidad debe ser creadora de conocimiento básico y especializado, a través
de la investigación y transferencia tecnológica.
La
función del profesor consiste fundamentalmente en dirigir el proceso de
aprendizaje, que puede realizarse sin necesidad de que los estudiantes asistan
necesariamente durante toda la jornada a los centros educativos, e incluso las
consultas y las evaluaciones pueden hacerse directamente a través de internet.
Las tecnologías de la información y la posibilidad de acceso generalizado a la
red están permitiendo que el aprendizaje en el aula sea sustituido por
metodologías en las que el autoaprendizaje ocupe un papel importante y en las
que la relación entre profesor y alumno se realice de manera virtual.
Como
afirma Zabalza (2006: 48), es necesario transformar la docencia universitaria
de manera que «el eje fundamental no sea la enseñanza sino el aprendizaje. Un
proceso de formación que se justifica no tanto en la oferta que se hace (la
enseñanza) cuanto en los resultados efectivos que cada estudiante alcanza
(aprendizaje). Proceso de aprendizaje que, además, no se produce en abstracto o
centrado en los contenidos propios de cada disciplina, sino que ha de hacerse
tomando en consideración el proceso que sigue cada aprendiz para apropiarse del
conocimiento y el contexto en que dicho pro- ceso se produce».
Fuentes:
Gómez
Bahillo, Carlos (2011). «La globalización y el nuevo orden/desorden mundial. La
crisis de 2008». Sociedad y Utopía, Revista de Ciencias Sociales, 37, 115-138.
— (2012). «La formación profesional en el sistema productivo» en Antonio Trinidad
Requena y Javier Gómez González (coords.) (2012). Sociedad, familia y
educación. Una introducción a la Sociología de la Educación. Madrid: Tecnos.
Miguel
Díaz, Mario de (coord.) (2006). Metodologías de enseñanza y aprendiza- je para
el desarrollo de competencias. Orientaciones para el profesorado universitario
ante el Espacio Europeo de Educación Superior. Madrid: Alianza Editorial.
Zabalza
Beraza, Miguel Ángel (2006). «La convergencia como oportunidad para mejorar la
docencia universitaria». Revista Interuniversitaria de Formación del
Profesorado, 20 (3), 37–69.
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